6 de noviembre de 2009
A la cárcel milico que mató estudiante
El 29 Juzgado Penal de la Corte Superior de Lima ordenó ayer la reclusión del suboficial del Ejército Fredy Eduardo Pérez Farías (29), quien el miércoles, en completo estado de ebriedad, arrolló y mató con su auto al estudiante universitario Edward Anderson Jiménez García (17), en el distrito de Surco.

En una acción rápida, la magistrada Fanny García abrió instrucción sumaria contra el militar, como presunto autor del delito contra la vida, el cuerpo y la salud, en la modalidad de homicidio culposo agravado.

García Juárez, además, dispuso el embargo preventivo de los bienes de Pérez Farías para cubrir el monto de la posible reparación civil. También ordenó el internamiento del vehículo implicado.

Se conoció que el militar podría recibir hasta ocho años de condena.

Su internamiento en un penal de la capital se realizaría en el transcurso de hoy.

A su vez, el Comando del Ejército informó que suspendió de todo cargo y empleo a Pérez Farías.

El fatal accidente ocurrió a las 11 de la noche del último miércoles en la cuadra seis de la avenida Aguilar Pastor (ex Las Palmas), en Surco, muy cerca a la Villa Militar, donde vive Fredy Pérez.

Intentó fugar

Como si fuera poco, Pérez Farías fue acusado de intentar fugar, y fue en ese esfuerzo que también arrolló al mototaxi conducido por Neptalí Cochón Contreras, amigo de la víctima, quien interpuso su frágil vehículo para evitar la evasión del militar.

El universitario Edward Jiménez García había descendido del mototaxi para miccionar, cuando fue embestido de manera brutal por el auto que lo arrastró al menos 20 metros, destrozando su cuerpo.

Lo enterraron

En tanto, en medio de desgarradoras muestras de dolor de familiares y amigos, fue enterrado ayer el cadáver de Edward Jiménez en un cementerio de Chorrillos, al ritmo de una banda de música.

Antes, su féretro recorrió su barrio de Surco, la canchita donde jugaba fulbito, su colegio José María Eguren y la universidad Autónoma del Perú donde estudiaba.

Sus padres, Rosa García y David Jiménez, llorando, pidieron justicia y se mostraron indignados porque el Ejército ni siquiera mandó a alguien para darles las condolencias por la irreparable pérdida.

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