19 de julio de 2009
Crimen gay (II)
Por El Búho
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El crimen de Marco Antonio Gallego Gonzales puso sobre el tapete algo que muy bien saben los policías de Homicidios de Lima. Hay una ola de asesinatos de homosexuales en la capital. No me refiero a un 'asesino en serie'. Los homicidas son jóvenes ávidos de dinero y regalos caros, que muchos profesionales exitosos gays buscan para pasar noches de diversión, sin saber que están jugando una ruleta mortal. ¿Qué pasa por la cabeza de estos jóvenes que matan con total sangre fría? Torturan a su víctima, presumiblemente para acceder a claves secretas, roban y finalmente lo asesinan cruelmente. Nadie merece morir así. Menos alguien como Marco Antonio, que se convirtió en un empresario exitoso, que dio trabajo a muchos peruanos. Los periodistas de Trome le hicieron la última entrevista, a propósito del Clásico con Koki Belaunde. Allí le entregaron una camiseta de la 'U', el equipo de sus amores. Esa chompa no se la quitó y lo acompañó hasta su muerte, como quisiera morir el más fanático hincha crema.

Alguno podrá decir, 'ellos se lo buscan por ser promiscuos y levantar a potenciales asesinos musculosos y de buena pinta', pero esa es una frase homofóbica, aunque las estadísticas demostrarían que los crímenes contra gays, a manos de sus eventuales parejas, son superiores a las de las 'peperas' con respecto a clientes que buscan sexo al paso. Estas muertes demuestran que hay un terrible prejuicio homofóbico, sea en San Isidro, donde mataron a Marco Antonio o al abogado Echeandía Chiappe, que en los conos donde mes a mes matan a estilistas de barrio, después de varios tragos y 'una noche de sexo y alcohol', como consignan las crónicas policiales. Esos asesinos no respetan la condición del profesional exitoso, acomodado y generoso en propinas y regalos. En el fondo, terminan con crueldad al que consideran un ser 'fallado', 'débil' y atrapado en sus apetitos de rodearse de jovencitos, sin importarles el peligro. Ya es hora que este fenómeno sea estudiado con seriedad por los sociólogos, pues las estadísticas están allí diariamente en los periódicos. ¿Quién será la próxima víctima, un ministro, un cura, una funcionaria de primer nivel, para tomar en serio este tema? Apago el televisor.

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