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Acomplejado de su raza, pederasta, travesti de clóset y acusaciones de toda laya ha recibido Michael Jackson. Con tantos éxitos como leyendas urbanas en torno a él, como la que dice que duerme en una cámara de oxígeno para no envejecer, el 'Rey del Pop' cumplió esta semana cinco décadas de vida.
A los 12 años ya era mundialmente famoso con 'The Jackson Five', el grupo que integraba con sus hermanos, donde debutó a los cuatro años. Cuando veo las fotos de aquellos vetustos discos de vinilo, que la nostalgia no me ha permitido echarlos a la basura -aunque no encuentre aguja para reparar mi tocadiscos- uno no puede creer que ese niño de peinado africalook, al estilo de 'Patrulla' Barbadillo o Cecilia Tait, que se peinaban con unos trinches, pueda ser el fantasma albino, sin nariz, que acechan los paparazzi. Los periodistas de espectáculos no han escatimado palabras para atacar a un hombre que hizo bailar a una generación acorralada por el neoliberalismo económico que impusieron Ronald Reagan y su compinche Margaret Thatcher en los 80. El ex moreno nos asombró con su arte y nos dio el videoclip de 'Thriller' en 1982, el más alucinante que este Búho haya visto, siendo también el álbum más vendido de la historia. Jackson ya era una estrella, pero con el terrorífico 'Thriller' estampó su nombre en los anales de música contemporánea. En una Latinoamérica plagada de dictaduras, el 'Rey del Pop' nos hizo olvidar por algunos instantes la insania de los uniformados. Dicen que se ha hecho más cirugías que 'Melcochita' y Jimmy Santi juntos para dejar de ser negro, aunque en su autobiografía 'Moonwalk' de 1988 confesó que solo se operó dos veces la nariz y se hizo el hoyito de la barbilla. También reveló que perdió el color de piel, debido al vitiligo. Las personas con este mal que he conocido se ponen de un color rosado o crema, pero Jackson quedó como un vaso de leche. Por supuesto que este columnista no le cree, pero qué más da, prefiero compadecerme del terrible mundo interior que vive un hombre que lo tuvo todo y, que ahora, debe salir a la calle con una máscara; apreciar la inmensidad de un artista que realmente ayudó a la niñez haciendo presentaciones gratuitas, y tanto quiso a los niños, que hasta lo acusaron de llevarse varios a la cama. Desde ahí, su vida parece estar ensombrecida por una maldición. Apago el televisor.
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