31 de agosto de 2008
La dama del periodismo
Por: El Búho
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Este Búho siempre se sacó el sombrero cuando se trataba de una mujer como Doris Gibson, la dama de hierro de la revista 'Caretas', la que fundara en 1950 con una joven promesa del periodismo de entonces, Francisco 'Paco' Igartua. 'Caretas' reflejaba muy bien la personalidad de su fundadora, irreverente y contestataria, contra las diversas formas de autoritarismo. Mientras Igartua y, luego, su único hijo Enrique, se dedicaban a bregar y batallar contra la censura de los esbirros de las dictaduras, doña Doris se daba tiempo para cultivar la exquisita bohemia limeña de entonces con poetisas como Catalina Recavarren, artistas como Sérvulo Gutiérrez. Así funcionaba el periodismo histórico en esos años claves para entender la Historia de la República y el devenir de los periodistas. Pasión por  las letras, el arte y la sociedad en general y la bohemia  con estilo, el esplendor de mil y una noches que terminaban cuando empezaba el día y comenzaba la cruda y triste realidad de un país adolescente como el Perú de botas y cuarteles. Esa pléyade de grandes periodistas, que retrata magistralmente Guillermo Thorndike, en un  libro muy caleta  y difícil de conseguir, 'La edad de plomo', que habla de la década del 50 y lo que significó el periodismo escrito de la época. A esa estirpe de grandes perteneció la Gibson, pero nadie como ella para embarcarse en una titánica tarea de llevar a flote su revista. Y nadie como ella para enfrentarse a un dictador, al que le temblaba todo el país, menos su esposa... y la Gibson: Juan Velasco Alvarado. Cuando su ministro del Interior, Amando Artola  clausuró 'Caretas' y metió preso a monseñor Luis Bambarén, Doña Doris no paró hasta llegar al despacho del militar. Ya había botado a un jefe de la PIP que intentó derribar la puerta del local de su revista a patadones, como si irrumpiera a una guarida de malhechores. 'Salga y toque el timbre como la gente decente', le dijo a un comanche que se retiró rojo de vergüenza. Velasco admiró la valentía de la dama que le dijo en su cara: 'no creo que liberen a mi hijo. Si no me lo dice usted, no me voy'. El general accedió a su pedido ¡derrotado! Esa imagen debe ser un ejemplo para un hombre de prensa. Hoy, cuando el oficio está tan prostituido. Donde hay 'periodistas' mequetrefes que reciben órdenes  y sobres con dinero de presidentes regionales corruptos, de políticos y siniestros dirigentes deportivos que piensan que todo hombre de prensa tiene un precio. En el negro panorama de la prensa hoy en día, crece la imagen de una mujer como la Gibson, que siguió firmemente su hijo Enrique. Nuestro más sentido pésame. Apago el televisor. 

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