31 de agosto de 2008
Tragedia aérea
Por: El Búho
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Hay gente que odia viajar en avión. En el mundo del fútbol, el genial volante del Unión Huaral, Cristal, Defensor y las selecciones nacionales entre los 70 y 80, Pedrito Ruiz, era uno de ellos. Se escapaba de la concentración. Se encerraba en su casa y ponía llave a los dirigentes que iban para llevárselo a fin que juegue un partido de la Copa Libertadores en el exterior. Al final, en combinación con la esposa, Pedrito se quedaba dormido después de tomar un cafecito con somníferos. Allí llegaban los utileros, le ponían el uniforme y lo llevaban derechito al avión. ¿Miedo exagerado?  Pese a las escalofriantes cifras, definitivamente hay muchísimos más accidentes de carretera que de aviación y también miles de víctimas más entre quienes viajan en buses que los que lo hacen en avión. Sin embargo, una cosa es verídica. En una volcadura o choque en bus no mueren todos los pasajeros, siempre hay sobrevivientes. En los accidentes de aviación es al revés, por lo general se lee: 'un avión desapareció'. Quiere decir que a la hora de encontrarlo, no hay víctimas. Un incendio en el aire de una aeronave es mortal. Leo con tristeza sobre el accidente en España: ¡153 muertos! Pero lo más increíble es que hay sobrevivientes. Es que el aparato se incendió casi en el instante del despegue y al precipitarse a tierra, a unos kilómetros del aeropuerto, en plena tarde. Solo la cola de la nave cayó en un arroyito, apagándose las llamas y salvándose algunos pasajeros. Muchos llegaron al agua ya con graves quemaduras y murieron en el hospital. Hubo un milagro, pero ninguno como el que le tocó vivir a la quinceañera Juliane Koepcke en el infierno de la selva peruana hace mas de 37 años, en 1971, cuando en Navidad se cayó un avión 'Lansa'. La hija de alemanes fue la única sobreviviente de la nave que iba con 92 personas y se perdió en la montaña. Sola, en selva virgen, la joven con la pierna rota sobrevivió ¡tres semanas! entre animales salvajes y lagartos, con los que se bañaba en el río: 'ni los felinos, ni los lagartos son tan fieros. Como era selva virgen, al ver un humano, se espantan y se van', confesó la rubia años después. Su único temor era perder un brazo, pues una herida se le gangrenó y los gusanos carcomían su lacerada carne. Un verdadero milagro. Apago el televisor.

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