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Mañana se cumple un año de la muerte del grupo 'Néctar' y de su líder, Johnny Orosco. No cabe duda que esta tragedia hizo resurgir a la cumbia peruana que venía siendo lapidada por el reggaeton y hip hop. Johnny, el 'Bomboncito de la cumbia', como le decían cariñosamente, contó que sus inicios fueron de hambre y dolor. Buenos Aires era una ciudad hostil para los peruanos, a quienes los calificaban como 'rateros' y vendedores de drogas. Sin embargo, su primer disco grabado en la tierra de Carlos Gardel los hizo populares, aunque primero fue en Bolivia. 'Néctar' puso de moda 'El arbolito' y conquistó el Perú, donde pocos los conocían. Las giras y las presentaciones llenaron los bolsillos de Johnny, quien no tenía reparos en mostrar sus logros materiales. Casa con piscina, salón de juegos, carro último modelo en el populoso Carabayllo, eran filmados por los medios de comunicación. En los reportajes, el cantante decía que le daba a su familia la comodidad que nunca tuvo de niño. Recordaba que trabajó vendiendo periódicos y cantando en los micros para ayudar a su familia porque su padre se había ido a Venezuela. La vida de Johnny fue muy triste, pero llena de triunfos. Se hizo solo, desde abajo, y logró sus propósitos con su talento y arte. Siempre pedía pollo a la brasa en los restaurantes, porque en su niñez nunca pudo probar dicho platillo por falta de dinero. En Argentina y Bolivia fue un ídolo y precursor de los grupos cumbiamberos bonaerenses, cuyos cantantes con cabellera larga y vestidos estrafalarios más parecían intérpretes de rap. 'Néctar' y Johnny fueron conocidos por el 'Perú oficial' recién cuando fallecieron. Ahora, en las fiestas más fashion, se escucha 'El arbolito'. 'Néctar' hizo resurgir a la cumbia en general, por eso ahora 'El embrujo', 'Una aventura más', 'Tu amor fue una mentira' de 'Kaliente', 'Mallanep' y 'Aguamarina' son aceptados por cierta gente que antes despreciaba este género musical. Apago el televisor.
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