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El fotógrafo Gary llegó al restaurante por sus tallarines verdes con bisté. "María, algo terrible viene pasando en Lima. La violencia está llegando a niveles increíbles. Sobre todo, la agresión doméstica. Un vigilante celoso le disparó cinco balazos en el estómago a su ex mujer, porque llegó borracho a la casa para ver a sus hijos y ella se había ido a un concierto a bailar con los cumbiamberos del grupo 'América'. Todo Pucusana se sorprendió al enterarse que el desgraciado la sacó a golpes de la fiesta. 'Yo ya no soy tu mujer, tengo derecho a rehacer mi vida y bailar con mis amigos. No como tú, que no me dabas ni para comprarme calzones'. Efraín Prada Effio, al escuchar sus palabras, se volvió una bestia y sacó el arma con la que trabajaba como seguridad en el municipio de Huari (Huaraz) y le disparó cinco balazos. Se sabe que el 'pistolero' hace dos años no les pasaba la manutención a sus pequeños. María, este caso no es aislado, tanto policías como guachimanes, que laboran con armas de fuego, han resuelto sus problemas conyugales a balazos. Algunos uniformados que se han desgraciado asesinando a sus parejas, al toque, ellos también se han disparado en la sien. Justamente, hace poco, una atractiva guardia de tránsito fue asesinada por su ex pareja, otro policía. En todos estos casos, el detonante fueron los celos. A veces, los efectivos policiales y de seguridad trabajan en la noche o un día entero, mientras que sus mujeres se aprovechan de esta 'oportunidad' y les ponen los 'cachos'. Pero ellas juegan con fuego, porque los efectivos estallan y son capaces de cometer una locura. Después, solo optan por el suicidio, pero ya el daño está hecho. El Ministerio del Interior debería hacer concienzudos exámenes psicológicos para que los policías no terminen enlutando sus hogares. Igual las empresas deben escoger bien a su personal de seguridad y no darle a cualquier desequilibrado mental un arma de fuego". Pucha, mi amigo tiene razón. Me voy asustada. Cuídense.
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