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El Chato Matta llegó al restaurante por un estofado de carne con su chicha morada heladita. "María, recibí un llamado urgente de Pancholón, el popular 'Coyote', porque siempre para con trampas. 'Causita, ven rápido al Ginos. Estamos a puertas cerradas para que no lleguen los 'confites' (soplones), pues son unas lacras. Click'. Cuando llegué, Pancho estaba eufórico. 'Chato, tú sabes que mis fiestas romanas son legendarias. En esos tonos, tú llegas y al toque te sacas la ropa, como debe ser una fiesta romana que se respete. Pero cometí el error de invitar al Chino del Callao, quien me dijo por fono: 'Pancho, tú eres mi maestro, soy tu seguidor y tu palabra es como una religión para mí. Voy a llegar con dos 'materiales' que serán de tu gusto. Altas y caderonas, como tu caballona'. La fiesta estaba en su punto, trampitas de todos los barrios. Inclusive, vi a guapas bailarinas de la tele que se regalaban con mis amigos, los abogados del Callao. En eso, entró el Chino. Se apareció con dos hembrones. Una era igualita a Paula Marijuán y la otra parecía un clon de Mariella Zanetti. Me sorprendió, porque no se quitaron los vestidos y solo el Chino estaba en calzoncillos. 'Pancholón, es que ellas son tímidas. Te presento a María Elena y Verónica'. Las chicas me miraron con ojos lujuriosos. Al toque les empecé a servir pisco sour para que aflojen rápido. 'Chino, ¿de dónde sacaste estos monumentos?' 'Eso no se dice, Pancholón, solo disfruta la carne, es un regalo por tus enseñanzas'. Yo bailaba y aparraba a María Elena, quien tenía un trasero descomunal. El Chino estaba chapando a Verónica. A eso de las 2 de la mañana, el Chino me dijo: 'Pancho, vamos a La Posada. Yo pago con mi tarjeta Ripley'. Nos fuimos embalados y en el cuarto pedimos trago. Estábamos chapando de lo lindo y nos pidieron que apaguemos la luz. Cuando sacamos los preservativos, ellas se metieron al baño. Como yo soy podrido, abrí la cartera de María Elena. ¡Allí vi su DNI! Ella, en realidad, se llamaba ¡¡Mario!! Era hombre y en la foto parecía militar. Maldije al Chino, pero no le dije nada. Le iba a hacer pagar caro su estupidez de traer a mi fiesta a dos mujeres con sorpresa. 'Chino, me está doliendo el estómago. Me voy, dile a las chicas que estoy mal. Provecho, causita, vas a cumplir tu fantasía de estar con dos hembrones al mismo tiempo'. Y me fui, matándome de risa. A las 8 de la mañana, me llamaron de La Posada. El dueño me pidió que vaya a recogerlo, porque lo habían pepeado y dejaron calato. Se llevaron su billetera, reloj y hasta sus zapatillas 'Nike'. Esos travestis eran tremendos chorazos, más bravos que el de Ronaldo. Pobre, Chinito, siempre pierde'". Pucha, esos amigos del Chato son la muerte. Me voy, cuídense.
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