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Una de las más entrañables series de los 90 fue 'ALF'. Inspirada en la clásica 'Mi marciano favorito' de los 60, presentaba a un extraterrestre como mascota de una típica familia americana. El padre era rígido y sufría las travesuras y desubicadas de un alienígena que parecía un oso hormiguero. '¡No hay problema, Willie!', gritaba ALF cada vez que una travesura suya sacaba de quicio al dueño de casa. La imagen de Max Wright en la televisión siempre fue esa: la de un tipo serio, cuadriculado, el típico trabajador de 9 a 5 de la tarde, que llega a su casa, besa a su esposa y se sienta en el sillón a ver TV. En la vida real interpretaba el mismo papel. Era casado, con dos hijos. Sin embargo, su mejor actuación la daba cuando lejos de su familia recorría de madrugada las tenebrosas calles del Soho londinense. Con una billetera llena de euros, 'levantaba' a los vagabundos más musculosos, menos deteriorados por las drogas. Alquilaba una habitación y los mandaba a comprar el letal 'crack'. Allí armaba tremendas orgías de alcohol, sexo y droga. Mientras lo hacían feliz, los vagabundos gritaban '¡No hay problema, Willie', y el actor aullaba de placer. Lo que impactó en las imágenes, más que las relaciones homosexuales con vagabundos bigotones, fue la manera frenética y angustiada en que fumaba el demoledor crack. Esta droga, muy de moda en los bajos fondos de Estados Unidos e Inglaterra, tiene peores efectos que la pasta básica. Si bien la cocaína puede manejarse socialmente, los consumidores de crack se aíslan, tienen que drogarse en lugares cerrados, porque el olor de ese estupefaciente es asqueroso, claro, para los fumones es desquiciante. Figuras tan famosas como Whitney Houston, se hicieron adictas a ese alucinógeno que te consume física y socialmente. Los 'crackeros' no pueden trabajar. Fuman crack en 'huecos' todo el día. Son los 'pasteleros' del primer mundo. En Colombia, a esta desgraciada droga la llaman 'basuco'. El crack es tan adictivo, que hasta destruyó la vida del papá de 'ALF'. Una pena. Apago el televisor.
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