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Alguien que nació de la unión de un mítico torero como Luis Miguel Dominguín y la famosa actriz italiana Lucia Bosé, definitivamente tenía que venir al mundo con la áurea de un ser de otro planeta. En 1983, el gran Andy Warhol diseñó la portada de su LP 'Made in Spain'. El creador del art pop, el ambiguo 'Drella', descubridor de íconos de la música como la Velvet Underground o Lou Reed, quedó tan prendado del artista que increíblemente le dedicó una carátula de su elitista revista 'Interview' y él mismo le realizó una coqueta entrevista, que bien pudo llamarse: 'entrevista con el vampiro'. Sin embargo, no creo que Bosé se haya 'chupado', desde niño eligió entre el polvoriento corso de una plaza de toros o los sofisticados ambientes del celuloide y el arte en general, lo segundo. No por nada el mismísimo Pablo Picasso, amigo de sus padres, ante tanta insistencia del jovencito que odiaba ir a las corridas de toros, lo inscribió en una conocida escuela de danza clásica. Ignoro si el creador de 'Guernica' lo hizo para ayudar al muchacho o joder al viril y corajudo torero Dominguín, quien no entendía cómo un hijo de 14 años se ponía mallas y zapatos de ballet con su 1.80 de estatura. Por esos años, también trabajó en el cine italiano. A los 15 años, en 'El clavel rojo' con el director Luigi Faccini o en 'Suspiria', del notable realizador italiano Darío Argento. Inquieto en 1973, antes de ingresar al mundo de la música, su padre lo mandó a estudiar economía a Londres, pues quería alejarlo de todo lo que fuera arte. Para Dominguín, las amistades de su esposa, artistas y bohemios eran una tira de 'maricones'. Pero Miguel, a orillas del Támesis, se matriculó en la escuela de danza y mimo de Lindsay Kemp, quien había sido maestro nada menos que de David Bowie. En 1975 recién, después de un amplio recorrido por las diferentes facetas del arte, llegó a la música. Por esta razón, logró presentar un producto completamente diferente. En sus primeros trabajos privilegió el movimiento para el público masivo amanerado, de cabritillas, nada más alejado de la realidad, después las letras profundas de sus mejores trabajos: 'Salamandra' (1986), 'Los chicos no lloran' (1990), 'Bajo el signo de Caín' (1993). Todos altamente recomendables. Gracias, maestro. Apago el televisor.
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