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Algo terrible debe pasar en nuestra sociedad para que padres o madres asesinen a sus hijos. Se hace común leer en las páginas policiales de los diarios, terribles dramas familiares, donde el padre o la madre, por determinado problema, decide asesinar a sus pequeños y autoeliminarse después. En Elio, un fotógrafo de cumpleaños, mató a sus tres hijitos ahorcándolos, porque estaba seguro que su mujer, secretaria en una empresa, lo engañaba con un compañero de trabajo. La 'frialdad' de su pareja lo desquició y mató a los hijos 'para que ella sufra'. Los celos son uno de los detonantes más comunes para desencadenar una desgracia. En San Juan de Lurigancho, un albañil asesinó a su esposa y sus niños y luego se autoeliminó en un cerro, también por celos. Pero el último miércoles un caso estremeció a este Búho. Una ama de casa mató a sus tres bebitos dándoles veneno para ratas con leche, para luego suicidarse. No era una madre soltera, tenía esposo quien es profesor en un colegio y ella auxiliar de educación en la misma escuela. ¿El motivo? Tenían problemas económicos, pues debían cerca de diez mil soles a bancos y tiendas. ¿Era ese un motivo para eliminar lo que más quería?. En Lima hay decenas de miles de hogares de madres abandonadas que no tienen empleo fijo y no piensan en matarse porque no tienen plata para alimentar a sus pequeños. Según los 'filósofos de la calle', los que pontifican frente a una res de pisco en el Marina Park, 'el 70 por ciento de las peleas conyugales en el país son por problemas de plata, el treinta por ciento restante es por infidelidad'. Consuelo Horna, la filicida, no era una analfabeta, sabía que por deudas no hay cárcel. Según el marido, las constantes llamadas, presionándolos para que pagaran las cuotas atrasadas, fue el motivo de las reiteradas peleas conyugales. En una carta, ella escribe: 'tú eres el culpable de lo que nos pasa. Para que no me digas que yo soy una conchuda, voy a desaparecer, para que cobres el seguro y pagues tus deudas'. Los policías de criminalística no quieren cerrar el caso todavía. Sin embargo el mismo es aleccionador, ambos tenían trabajo, hijos sanos, pero las deudas los dividieron, en vez de mantenerlos unidos para afrontar los problemas que normalmente tienen los hogares: deudas, dificultades con los hijos, falta de empleo. Nada justifica la muerte de inocentes criaturas. Apago el televisor.
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