Esta técnica aumenta la posibilidad de embarazo al facilitar varias fases del proceso de la concepción, pero primero requiere las siguientes pruebas:
Ecografía para confirmar que el útero y los ovarios están en condiciones de iniciar el tratamiento.
Histerosalpingografía para conocer el estado de las trompas (al menos una debe ser perfectamente funcional).
Un análisis hormonal.
Control de semen, para confirmar que, una vez potenciado, quede apto para fecundar los ovocitos.
El varón obtiene en casa una muestra de semen en un recipiente estéril y la entrega al laboratorio de reproducción asistida. Allí se potencia el semen por medio de una técnica que separa el plasma seminal y concentra los espermatozoides móviles. Luego, se coloca a la mujer en posición ginecológica, y a través del cuello del útero se introduce una fina cánula con la que se depositan los espermatozoides en el fondo de la matriz. A los pocos minutos estos habrán llegado a las trompas, donde el ovocito los espera para la fecundación.