Pero lo cierto es que la situación es otra: la obediencia, más que un don de los menores, es el resultado de la virtud de los padres, que han logrado ganarse a sus hijos poniendo en marcha una serie de actitudes, por las cuales los niños llegaron a la convicción de que sus papás son dignos de ser obedecidos y porque ellos han 'constatado' que acatar sus órdenes es para su bien.
Para tener un hijo obediente, el padre ha de seguir algunas reflexiones:
-Tu hijo será obediente según sean los estímulos que a le des; si los desmoralizas jamás aprenderá a obedecerte.
-Enséñele que obedecer y ser capaz de mandar en su momento, son las dos caras de la misma moneda.
-Los padres deben ejercer la autoridad sobre sus hijos, pero siempre de modo coherente e inteligente.
-Si aplica un castigo que no sea por su hígado ni su rabia, sino para educarlo, no se lo suspenda aunque le ruegue.