Su lenguaje grosero indica que están pasando por un momento de crisis y agresividad marcada, y los padres, que hasta entonces habían tratado con un niño amable, ahora se encuentran con un joven volcánico que es capaz de generar en ellos tristezas y preocupaciones jamás antes pensadas.
A la pregunta de '¿por qué pasa esto?', sigue una respuesta triple:
-La primera es que estos jóvenes acaban de descubrir que ellos tienen la suficiente fuerza y capacidad de decisión, además de no necesitar a sus padres para pensar.
-Luego se sienten muy extraños, porque no están nada cómodos con el baño hormonal que sus cuerpos les están produciendo a diario. La testosterona los vuelve así, desafiantes e irreverentes.
-Finalmente, porque comprenden que necesitan separarse de sus padres porque de no hacerlo seguirán recibiendo sus órdenes y ellos jamás crecerán ni podrán desarrollar sus propias ideas aunque estas sean equivocadas.
Por ello no queda más que llenarnos de paciencia con ellos y esperar que maduren algo más.