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Muchas mujeres con el afán de controlar o reducir su peso, recurren al uso de medios purgativos como laxantes, diuréticos o hasta inducirse el vómito. Estos son quizás los desórdenes alimenticios más conocidos, pero no los más frecuentes. Un desarreglo alimenticio puede ser algo tan simple, como comer por antojo cuando -en realidad- no se tiene hambre. El no desayunar o dejar pasar un horario de comida, es una práctica frecuente e inefectiva para bajar de peso. Eliminar un grupo completo de alimentos, como los cereales y tubérculos, también es una costumbre a la que se suele recurrir. Las dietas estrictas son riesgosas para la salud e incluso hay personas que fuman para bajar de peso. Todos estos hábitos son síntomas de un desorden alimenticio. El estrés es el principal detonante de los desarreglos a la hora de comer. Una forma de evitarlo es separar el estado de ánimo con la comida, tomar desayuno y aspirar a un modelo de cuerpo realista. Recuerde que reconocer el peligro en la salud que originan los desórdenes alimenticios, es el primer paso para desarrollar una imagen corporal positiva y un contacto saludable con los alimentos.
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