El amor de la madre al hijo es algo que siempre hay que ver con muy buenos ojos, porque gracias a este afecto el niño podrá crecer sano, seguro y feliz, sabiendo que su madre habrá de correr siempre a su lado cada vez que la vida le dé un empellón o que él, por inexperto, tropiece.
Pese a esta verdad, sabemos que para alcanzar la madurez, debemos aceptar que llegará el momento de tomar distancia y pensar en formar una nueva familia. Esto también lo saben conscientemente muchos padres y, en tal sentido, colaboran. Sin embargo, otros no lo saben o se hacen los que no saben.
La naturaleza humana es muy complicada. Pese a que todos están de acuerdo con la independencia del hijo luego de la boda, muchas madres guardan en un secreto rincón de su corazón la ilusión que el hijo 'debe divorciarse pronto' y 'que tendrá que volver a la casa de todas maneras, donde ella lo estará esperando'.
Así, fuerzan a su hijo divorciado a volver al primer hogar, donde le espera su cuarto de soltero, su camita de siempre y hasta sus juguetes. Estos varones rara vez logran ser felices en su matrimonio, pues incluso en la luna de miel arrastran pegado a su cuerpo el cordón umbilical de la madre que sigue vivo, latiendo y espera la vuelta del hijo.
|