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Todo padre aspira, dentro de su corazón, a que sus hijos sean hombres de éxito. Este deseo también tiene que ver con el alivio que sienten los padres de que, una vez sus hijos se conviertan en adultos, ellos sean quienes los ayuden económicamente.
Sin embargo, vemos que no toda la juventud tiene las mismas intenciones que ellos. Unos, porque no les gusta el estudio y otros, porque no saben qué estudiar.
Pese a que es cierto que cuando un joven no quiere estudiar, nada ni nadie le puede cambiar la decisión, salvo que él mismo quiera progresar y dejar a los amigos, la 'buena vida' o las malas juntas. Por ello, esto es lo que podemos recomendarle a los padres:
Visite a un psiquiatra para descartar que su hijo tiene depresión u otra alteración propia de la adolescencia.
Pida una evaluación completa a un profesor docente, que determine cuán motivado o preparado está al salir del colegio para pensar en la universidad.
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