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La importancia de la lactancia materna es evidente. Todos sabemos del bien que hace a la salud del infante, pero como todo en la vida, la lactancia debe tener orden y tiempo, pues de excederse e ir más allá de lo esperado, podemos encontrar alteraciones psicológicas cuando el bebé se vuelva adulto.
La lactancia materna es tanto fuente de alimentos, como también de amor y seguridad. Semejante función psicológica genera la tentación, tanto en la madre como en el bebé, de perpetuarla en el tiempo.
Pero el desarrollo de la vida obliga a que este tipo de alimentación-afecto deba cambiar para que el niño adquiera seguridad, decisión, capacidad de vincularse con otros alimentos y otras personas.
Así, si la lactancia se excede en más de 9 meses, es probable que el bebé se acostumbre a cumplir sus demandas gritando, llorando y pataleando.
Y de adultos son personas apegadas a las actividades orales, como fumar, beber licor, besar en exceso, hablar excesivamente y tener un carácter que bien puede parecer un adicto a los vínculos a las parejas o a los trabajos, aunque éstos sean inconvenientes.
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