Finalmente siguen los miembros adscritos a dicha casa como los suegros, los padres o los parientes que viven en ese hogar, siendo todos subordinados a las decisiones que ha tomado de preferencia el padre, sea cual sea la edad que tenga.
Respetos guardan respetos
Para que funcione una familia, debe respetarse esta disposición, donde los hijos no deben denigrar al padre, aunque puedan no estar de acuerdo con él. Pero de surgir una rebelión, podría generar un desorden mayor sin ningún éxito.
Cuando se trata de niños, el sistema de comunicación también parte del padre y el agente es la voz, potente, sonora y conteniendo un mensaje. Esta es una voz que debe ser escuchada, pues cuando no es así, el padre pierde autoridad y su hogar se puede desorganizar.
Por ello, es función de todos los miembros de la casa creer que la organización parte de la voz del padre, que siempre contiene un mensaje de reglas y desarrollo. Esta voz perderá vigencia únicamente cuando el padre se vuelve egoísta, caprichoso y violento con los hijos.
En esta situación no sólo se habrá perdido la voz, sino también el hombre guía dejará de existir.