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La semana pasada mencionamos las posibles causas de la inapetencia de un niño. Ahora detallaremos las posibles curas.
Tratamiento En definitiva, el tratamiento se basa en hacer comprender al niño, y a veces a los padres, que comer es un acto necesario para vivir y sentirse bien.
Muchos padres tratan de obligar a su hijo a comer más de lo que necesita, porque temen que la falta de apetito del niño pueda afectar su salud o causar una deficiencia nutricional. Sin embargo, esto no es cierto, y la alimentación forzada es contraproducente porque disminuye el apetito del niño.
La utilidad de medicamentos como vitaminas y estimulantes del apetito es controvertida, ya que primero se debe investigar si el niño es portador de alguna enfermedad, después tener en cuenta las medidas de disciplina en los hábitos de alimentación y posteriormente tener presente que existen muchos medicamentos que efectivamente estimulan el apetito, actuando en el cerebro, en el centro que provoca la sensación de hambre. Así, dichas medicinas se pueden administrar cuando un médico va a vigilar a los niños, porque pueden tener efectos secundarios.
Los complementos vitamínicos pueden auxiliar en las situaciones de carencias específicas, más no sustituyen una comida. Si un niño no está comiendo en forma balanceada no se debe de pretender equilibrar su dieta con solo administrar vitaminas.
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