Su período de incubación (desde la entrada del virus en el cuerpo hasta la presencia de síntomas) es en promedio de 45 a 160 días, luego puede presentarse de dos formas:
* Agudas: Las más frecuentes y menos graves en los niños que en los adultos. Tiene síntomas como malestar general, desgano, fatiga, fiebre, falta de apetito, náuseas y al pasar los días puede existir dolor en la parte superior derecha del abdomen (donde está el hígado), orina de color 'té cargado', y deposiciones claras.
El tono amarillento en la piel (ictericia) no es signo frecuente. El apetito aumenta cuando el paciente ya no tiene fiebre y está en un período de recuperación. La mortalidad es alrededor de 1 - 2%.
* Crónicas: Se da en un 5% a 10% de personas con la enfermedad. Su inicio es leve, pasa desapercibido y sólo se detecta con análisis de laboratorio. Estos pacientes son fuente de contagio y pueden evolucionar hacia cirrosis o cáncer de hígado.
Para diagnosticar la enfermedad y determinar su tipo (A, B, C u otro), el médico hace un análisis clínico y solicita exámenes de sangre y/o orina específicos. Luego se iniciará el tratamiento más adecuado.