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Acabamos de salir de las celebraciones por Fiestas Patrias, y más allá de los mensajes, la Misa de Te Deum y otras manifestaciones oficiales, no podemos negar que el ánimo de los peruanos está significativamente más optimista.
Lo notamos porque la gente sonríe más, también es evidente porque la economía ha mejorado, los dueños de empresas grandes o pequeñas están más alegres, sienten que 'poco a poco la platita va llegando'. Se nota también porque nuestros paisanos ya no se quedan en un estado de derrotismo, ni de pesimismo, que antes era la costumbre. Pero mi mensaje, en estas fiestas, va en el sentido de que, aunque todo esto no quiere decir que se acabaron los problemas, no debemos perder la alegría y el optimismo. Estos son dos sentimientos muy fuertes y positivos. Cuando uno se mantiene en la alegría, rejuvenece; y el optimismo baja la presión arterial, corrige las dificultades estomacales, genera también un cambio significativo en las hormonas del cuerpo, lo cual estimula la circulación, la energía sexual y, sobre todo, la capacidad de amar. Por eso, cuida este tesoro que ahora tienes. No dejes de sonreír.
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