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En los países desarrollados, las dietas bajas en carbohidratos han ganado popularidad y se han publicado regímenes famosos que aconsejan reemplazar los cereales y tubérculos (pan, fideos, papa) por grandes cantidades de carnes, huevo o queso.
Estas dietas reducen de peso más rápidamente, porque producen mayor pérdida de líquidos y suprimen el apetito. Pero dejar de consumir suficientes carbohidratos puede ser riesgoso para la salud, ya que son las principales fuentes de energía corporal.
Además, el gran consumo de carnes que traen estas dietas incrementa la ingestión de grasa que puede ser dañina para el corazón, a la vez un alto consumo de proteínas puede perjudicar al riñón, al hígado y los huesos.
Opte por lo sano Algunas dietas son tan extremas que, incluso, aconsejan disminuir el consumo de frutas, verduras y lácteos, principales fuentes de vitaminas y minerales en la alimentación. Estos regímenes propician un bajo consumo de fibra ocasionando el estreñimiento, intestino irritable y reflujo gástrico.
Por lo tanto, al no existir beneficios duraderos, sino muchos riesgos, las dietas bajas en carbohidratos no son recomendables. En vez de reducir los carbohidratos, es mejor reemplazarlos por cerea-les altos en fibra (trigo entero, quinua, avena, cebada, maíz entero) en vez de los refinados (harina blanca, arroz blanco) para tener un control duradero del apetito y del peso.
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