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El grito es uno de los instrumentos que usan los padres para poder educar a sus hijos. Lo hacen porque sienten que este método sí da resultados, así los niños se detienen en sus travesuras y suelen silenciarse más e incluso empiezan a obedecer de manera más fluida.
Pero es necesario que entendamos lo bueno y lo malo de los gritos. La parte positiva la encontramos en que permite introducir una dramatización en la vida del niño. Con los gritos se destaca la parte inadecuada de la conducta que el niño está realizando.
La parte negativa del grito radica cuando es realizado con angustia por parte de los padres. Esta angustia es sentida por el niño como si estuviera frente a padres débiles e incapaces de hablar con ellos de otra manera.
Debe preguntarse Más importante que determinar en qué tono de voz se le habla a un niño, es preferible cuidar si es que estamos angustiados por algo, si tenemos miedo de estar educando mal a nuestro hijo o si estamos sintiéndonos incapaces para hacernos obedecer de formas menos dramáticas.
Por ello, todo padre que usa el grito para educar debe preguntarse antes él mismo: ¿Qué le está pasando? ¿Por qué está tan asustado de la conducta de su hijo? Y recién ahí tomar la decisión de si el padre debe cambiar el método de imponer sus mensajes.
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