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Más de una vez hemos oído una queja semejante, debido a que los padres siguen queriendo tener en la casa a un niño, a un bebé, aunque éste sea ya un joven de más de 20 años.
En efecto, una de las tareas más difíciles que hay en la crianza de un hijo es saber desprenderse de él, saber tomar distancia y no retenerlo como si fuera un niño cuando ya el tiempo pasó y él es un hombre o mujer capaz de cometer sus propios errores (y corregirlos).
A veces los padres quieren elegir la pareja por ellos, pues no confían que el hijo o hija pueda tener sus propios criterios y tomar sus propias precauciones. En otras ocasiones, los padres insisten en llamarlo por teléfono a cada rato para saber exactamente dónde está. No faltan casos donde los padres los buscan en las casas de los amigos, para constatar que es cierto que están ahí donde dijeron que estaban.
Problema de dos Aunque parezca paradójico el problema es de los dos, padres e hijos, puesto que cuando un joven adolescente realmente siente que los padres están pasándose de sus funciones, son capaces de reaccionar con rebeldía y, a veces, terminan no haciéndoles ningún caso.
Por eso, este problema debe corregirse desde la niñez, teniendo en cuenta tres consejos:
Los hijos son para la vida, no para los padres.
Los hijos sólo pueden aprender de sus propios errores, hay que permitirles que tomen decisiones.
Los hijos deben saber que su tarea en la vida, es volar solos a su tiempo.
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